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educativo.

5 de diciembre de 2011

PLANTA 1 - HABITACIÓN 08



Tira gráfica de Echea publicada en el
diario La Voz el 29 de agosto de 1936

EL PRIMER BOMBARDEO AÉREO SOBRE MADRID

De todos es sabido que Madrid fue el “banco de pruebas” para los bombardeos sobre ciudades y objetivos no militares de la Segunda Guerra Mundial y la primera capital europea bombardeada por la aviación alemana, pero la documentación apunta a que no fue el día que casi toda la bibliografía indica: el 23 de octubre de 1936, cuando una incursión aérea provocó la primera matanza de civiles en el centro de la capital (calles de Fuencarral, Preciados y de la Luna); el primer bombardeo de aviación sobre Madrid tuvo lugar el día 28 de agosto de 1936. (1)

La primera pista (al menos en mi caso) llegó de manos de Mijaíl Koltsov y su Diario de la guerra de España donde el ruso relata que: “las bombas han estallado en el propio centro, en el jardín del Ministerio de la Guerra. Localizar este edificio es muy fácil, más aún de noche que de día, pues se encuentra exactamente en el cruce de brillantes líneas de farolas –la calle de Alcalá y la línea de los Paseos–. Junto al Ministerio ha resultado muerto un cabo y ha quedado herido un soldado. Un cañón ha disparado contra el avión, después de lo cual, éste ha huido arrojando por el camino otras tres bombas; hay obreros heridos. Desde los tiempos de la guerra mundial, ésta es la primera incursión aérea sobre una ciudad civil”. (2)


El Palacio de Buenavista, sede del Ministerio de la Guerra en 1936, en imagen tomada un año antes.
Abajo: Mijail Koltsov, corresponsal en España de Pravda.


Los periódicos, sin embargo, dan o versiones más completas o versiones distintas. Por ejemplo, podemos completar la información, tan excelentemente resumida por Koltsov, con lo que dice La Voz del día 29 de agosto: “Anoche, a los doce menos cuarto, voló sobre Madrid un aparato faccioso, que al hacer su aparición alcanzó gran altura, y al penetrar en el casco de la ciudad descendió bastante”. “Llegó al centro de Madrid y arrojó en las proximidades de la plaza de Castelar (3) dos bengalas que produjeron en el espacio una luz muy viva e inmediatamente dos bombas, que al chocar contra el pavimento hicieron explosión, alcanzando la metralla a un cabo y un soldado, que casualmente circulaban por la calle, produciéndoles leves heridas.”

Como vemos aquí se da una contradicción: Koltsov habla de un muerto y La Voz de dos heridos. ABC Madrid (republicano), La Libertad, El Sol y Frente Popular hacen referencia a lo mismo: dos heridos, no hay muertos. Tal vez se hiciera para no alarmar (aunque como veremos más adelante, esta máxima no siempre se aplicaba) porque Koltsov dice: “En el jardín del Ministerio de la Guerra, en el lugar que ha sido muerto el cabo, sobre la hierba arrancada se ha puesto un ramo de rosas rojas.”
Dibujo de un Junkers Ju-52, modelo un poco posterior a agosto de 1936 pero las variaciones son escasas.

Siguiéndole la pista al aparato, un Junkers Ju-52 reconvertido a bombardero, La Voz refiere: “continuó su viaje el aparato rebelde, perseguido ya por los proyectiles de los cañones y ametralladoras antiaéreos, y en la huida, volviendo a elevarse, dejó caer otra bomba en el paseo llamado antiguamente del Rey (4) hoy del coronel Montesinos.” El diario Política especifica que además de la del paseo del Rey, otra bomba cayó “sobre un garaje de la calle Roso de Luna n.º 11” y que la explosión afectó también al número 8 de la misma calle, a la imprenta de Sáenz Hermanos. “A consecuencia de esta bomba fueron asistidos en la Casa de Socorro del Buen Suceso doce heridos” y cita el nombre y el estado (todos “leves” y “menos graves”) de los afectados.

Un poco después del bombardeo, a las doce y treinta y cinco de la noche, desde la emisora del Cuerpo de Telégrafos en el Palacio de Telecomunicaciones un telegrafista apellidado Marín dio lectura a una nota del Ministerio de la Guerra. Relata ABC Madrid en su edición del 29 de agosto: “El público acaba de oír una explosión. Se trata de una bomba sin espoleta que un avión enemigo acaba de lanzar con el propósito de producir alarma. El Gobierno, seguro de la calma y serenidad del vecindario madrileño, sabe que éste sabrá frustrar el propósito de los facciosos.”

Absurda nota que seguro no tranquilizó a quien supiera que si explotó es porque llevaba espoleta. Comunicado que fue contestado en el ABC Sevilla (nacional) del mismo día, y que encabezaba su página 7 con el siguiente titular: “Varias informaciones recogidas por radio. Se trataba de una bomba sin espoleta, pero que explotó” y más adelante ironiza con la candidez de los dirigentes republicanos: “A renglón seguido de leída la nota, el propio camarada Marín dice que no explotó. Y se armó tal lío entre la espoleta, la explosión y el heroísmo del Sindicato de Telégrafos en relación con los aviones nacionalistas y la serenidad y el que no había sido nada, que si en aquel momento tropieza alguno de los que estaban con él cerca del micrófono y tira al suelo una silla, el camarada Marín, si alguien hubiera podido sujetarlo, habría jurado que si la bomba hubiera caído en otro lado, la espoleta, por lo menos, había explotado allí. Camarada Marín: Es posible que usted y el ministro de la Guerra, Sarabia, no sepan qué es una espoleta, ni la función de la misma en el proyectil. Los demás hemos sacado la siguiente consecuencia de la nota del ministro que usted radió: ¿Se oyó una explosión? Pues funcionó una espoleta. ¿La bomba no tenía espoleta? Pues no pudo oírse la explosión.”
 

El general Juan Hernández Sarabia,
Ministro de la Guerra en agosto de 1936
 
A consecuencia de este primer bombardeo las medidas de seguridad sobre Madrid se incrementaron, máxime porque el día anterior, 27 de agosto, un Junkers Ju-52 hizo una incursión sobre Madrid (5), esta vez bombardeando los aeródromos de Cuatro Vientos y Getafe y arrojando octavillas con una seria advertencia: “Hasta ahora los bombardeos han sido dirigidos contra los aeródromos militares, las fábricas de material de guerra y las fuerzas combatientes. Si se persistiese en una suicida terquedad, si los madrileños no obligan al Gobierno y a los jefes marxistas a rendir la capital, sin condiciones, declinamos toda responsabilidad por los grandes daños que nos veremos obligados a hacer para dominar por la fuerza esa resistencia suicida. Sabed madrileños, que cuanto mayor sea el obstáculo más duro será, por nuestra parte, el castigo.”

ABC Madrid del 28 de agosto relata que: “Al avión enemigo se le alcanzó sobre la Dehesa de la Villa. Los dos aparatos leales de caza que dieron alcance al faccioso dentro del casco de la población, se situaron uno sobre el avión enemigo y otro debajo, dándole alcance en la Dehesa de la Villa y ametrallándole tan eficazmente que fue a caer en los terrenos de Peña Grande.”

Las medidas de seguridad antes mencionadas tuvieron su reflejo en dos notas radiadas de los Ministerios de la Guerra y de la Gobernación que fueron transcritas por casi todos los periódicos madrileños. ABC Madrid en su edición del 1 de septiembre se hace eco de la del Ministerio de la Gobernación bajo el titular “Medidas urgentes para la defensa de Madrid contra un ataque aéreo”. En esta nota podemos seguir observando el excesivo grado de inocencia de algunos dirigentes republicanos. El punto nueve de la comunicación reza lo siguiente: “Novena. Todo avión que vuele sobre el casco de la población es enemigo. Sólo los aviones de caza propios están autorizados para volar sobre la población, y serán fácilmente reconocidos por su actitud de persecución y porque sólo volarán de día.” Demasiadas pistas.

 Y no sólo queda ahí la cosa, ABC Madrid aporta su “granito de arena” en un editorial del día 29 de agosto donde da consejos sobre lo que hay que hacer en caso de bombardeo aéreo: “Si el ataque es de día basta con que el transeúnte se arroje al suelo, procurando hacerlo arrimado a la pared en la acera de la sombra, con lo que se evita la visualidad que pudiera ofrecer en la contraria. Por otra parte el peligro no existe si uno se coloca fuera de la vertical del aparato, que es la zona batida por el mismo. Las bombas de diez kilogramos, que son las únicas con que cuentan los facciosos, tienen un radio de acción reducido, y sólo con la coincidencia de que exploten a menos de tres metros de algún grupo es cuando tienen algo de eficacia.”

¿Se quedaría alguien tranquilo después de leer estas recomendaciones? ¿Los transeúntes analizarían cuál era la vertical del aparato antes de emprender la carrera hacia el refugio? ¿Aprendieron los dirigentes republicanos de qué es lo que se debe transmitir y lo que no a la sociedad en tiempo de guerra? Probablemente sí, aunque tardaron lo suyo, recuérdese la famosa nota de Largo Caballero radiada el día anterior a la ofensiva contra Seseña (6) donde se detallaba casi al milímetro las operaciones que se llevarían a cabo.


NOTAS:

(1) El no pocas veces denostado Hugh Thomas en su obra La Guerra Civil Española ya lo apunta, aunque sin extenderse en absoluto.
(2) Koltsov, Mijaíl. Diario de la guerra española.
(3) Actualmente la plaza de Cibeles.
(4) Denominación actual.
(5) A las cinco de la mañana. Probablemente este vuelo, que se repetiría en el tiempo, es el que los madrileños conocían como “el lechero”.
(6) Estaba previsto que esta alocución se leyese a las tropas cuando fuesen a ocupar las posiciones de partida pero, según Koltsov, al Ministro de la Guerra le gustó el texto y ordenó que se diera a conocer.

Comitiva del embajador soviético, Marcel Rosenberg, a su paso por la Gran Vía madrileña el día 29 de agosto de 1936

 BIBLIOGRAFÍA:

- ABC Madrid. 28, 29, 30 de agosto y 1 de septiembre de 1936.
- ABC Sevilla. 28 y 29 de agosto de 1936.
- Bravo Morata, Federico. Historia de Madrid. Ediciones Avances.
- Frente Popular. 29 de agosto de 1936.
- El Sol. 29 de agosto de 1936.
- Koltsov. Mijaíl. Diario de la guerra de España. Editorial Planeta S.A. 2009.
- La Libertad. 29 de agosto de 1936.
- La Voz. 29 de agosto de 1936.
- Milicia Popular. 29 y 30 de agosto de 1936.
- Política. 29 de agosto de 1936.